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El sufrimiento puede aparecer por mil puertas y a pesar de nuestro dolor al recibirlo, darle cobijo y alimento sin ser conscientes de ello. Puede que le cambiemos el nombre o que le achaquemos a alguien su presencia, pero, si está con nosotros deberemos mirarlo con los ojos bien limpios. Si se convierte en nuestro amigo inseparable, en nuestro apoyo o identidad, debemos buscar la raíz de ese apego. Podemos decidir libremente sobre cómo queremos vivir nuestra vida. Cómo queremos recordar nuestras desgracias y que palabras usar al compartirlas. Podemos abandonar el miedo a cambiar el guion de nuestra vida.
Lo más difícil de hacer en la vida es soltar.
Soltar.
Desprenderse.
Liberarse.